martes, 11 de junio de 2013

Volver a y desde Montejaque: Un entrañable encuentro de antiguos compañeros.- Las emociones que las palabras no pueden describir…

"Ni el pasado existe ni el futuro. Todo es presente”.- Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999) Escritor español.

No solamente recordar es volver a vivir, sino que re-vivir es algo así como actualizar y concretar en sensaciones actuales las vivencias que soterradas en nuestra mente.

Actual arco de entrada
Dígase como se diga, sea como sea, la realidad es que quien esto escribe, junto con un grupo de compañeros (y hasta por edad y por antigüedad amigos) ha podido experimentar el placer, el lujo, la emoción, de pisar las tierras que holló cincuenta años antes; de visionar los paisajes que le inundaron el panorama diez lustros antes; de conversar con los acompañantes sobre lo que fue y lo que es…
Una delicia semejante a una ensoñación.
Tal vez el lector ajeno a la conmemoración del 50 Aniversario de la XXI Promoción de Milicias Universitarias (Instrucción Premilitar Superior) del campamento de Montejaque-Ronda, en los años 1963/64, y más concretamente de las compañías 4ª y 1ª (respectivamente para cada año); tal vez, el lector, repito, se pregunte qué, cuál, cómo, dónde, fue ese acontecimiento, porque apenas si ha habido eco en los medios de comunicación, ahora tan ocupados en las sábanas de unos, los cameos de otros, los engaños de los más y los juicios de casi todos.
Estrella de Alférez
Hallará, sin embargo, quien siga este blog, sobrada noticia de que se preparaba para el pasado sábado, en el acuartelamiento General José Gabeiras, del IV Tercio de la Legión “Alejandro Farnesio”, en Montejaque-Ronda, en el seno de la Fiesta de la Legión, la renovación del juramento a la bandera de una buena parte de los universitarios que muchos años atrás, en la parte final de sus carreras, prescindieron de sendos trimestres estivales de descanso y ocio, para alcanzar su formación en el servicio de las armas (a la sazón obligatorio para todos los ciudadanos) y obtener, con los adecuados estudios en el propio campamento, su graduación como suboficiales (sargentos) u oficiales (alféreces) de la escala de complemento del Ejército Español.
Y más aún, el lector ajeno a aquellos redivivos estudiantes-soldados, también deberá saber que quien mandó e instruyó a esos jóvenes universitarios que fueron, todavía obsequia a la vida con su presencia y vitalismo. Me refiero al otrora Capitán, Don José Manuel Sánchez Gey, ahora elevado por todos los que le seguimos a la categoría suprema de "Capitán General" y a la condición de “padre” militar y espiritual de todos nosotros.
Galones de sargento
Y fue así, el pasado viernes, siete de junio, cuando el sol comenzaba a iluminar de refilón el tajo rondeño, al filo de las siete de la tarde, los teléfonos móviles de los miembros de aquellas dos compañías de instrucción; de aquellos llamados “milicios”, comenzaron a sonar ya en Ronda, inquiriendo dónde se hallaba cada uno, con ansia irrefrenable de fundirse cuanto antes en el abrazo emocionado y emocionante del reencuentro.
Y de esta guisa, en el “Mirador de la Espinela”, magnífica instalación hostelera colgada sobre el Tajo de Ronda, con vistas espectaculares sobre toda la serranía y las estribaciones de Grazalema, fueron intuyéndose más que reconociéndose, mientras se abrazaban,  aquellos que cincuenta años antes presumían de bigotillos y exhibían pobladas y casi siempre negras cabelleras (algún díscolo pelirrojo y algunos rubios había).
“¿Perdona, quién eres tú?”, fue la pregunta más repetida, a la que siempre siguió un apretado abrazo y un encararse para contemplar que el paso de los años había ajado algún que otro rostro, despoblado alguna que otra cabeza y tintado al níveo casi todos los cabellos; pero que el carácter y el espíritu seguían incólumes.
Las esposas, parejas, hijos, acompañantes, observaban en un segundo plano, con curiosidad y regocijo aquel encuentro de compañeros con gestos de adolescentes entre ellos, al tiempo que ni podían imaginar cómo había sido posible el “milagro” de una reunión así tantos años después.
El entusiasmo y las ganas de convivencia se desplegaron por las calles de la ciudad de Ronda, tan desconocida para muchos de nosotros en su realidad actual, pero tan recordada; y unas cañas de cerveza o unas copitas de vino fino y un tapeo fueron el sello del primer contacto.
La mañana siguiente, la del sábado día ocho de junio, apareció inusitadamente fría y desapacible. Era sorprendente el frío viento que soplaba y la amenaza de lluvia que negros nubarrones presagiaban.
Emblema de la IPS
(¡En aquellos Ronda y Montejaque de sol inmisericorde y de los cuarenta grados a la sombra de cincuenta años atrás!)
Pero cuando el colectivo, con esposas, hijos y bastantes acompañantes, inclusive nietos y bisnietos, descendía en el autobús hasta el que fuera su campamento, hoy remozado acuartelamiento de la unidad legionaria de élite (el Tercio IV Alejandro Farnesio, al que, en tono jocoso se denomina "los okupas"), ni siquiera la fina lluvia que comenzaba a caer pudo evitar el efluvio ardiente de la emoción.
Sí, efectivamente, al igual que “el retorno a Brideshead”, el retorno a “nuestro” Montejaque se estaba consumando.
Ya nos emocionó que al paso de nuestro autobús (identificado en su frente con un llamativo poster de nuestra promoción, que más adelante se reproduce), la marcialidad de los legionarios nos acogiera con perfectos saludos, pero mucho más nos entusiasmó el hecho de pisar físicamente la tierra (hoy casi todo asfalto) de la que fuera nuestra Plaza de Armas, en la que banderas y gallardetes anunciaban la celebración prevista.
Unos atentos y disciplinados suboficiales fueron acomodando a nuestros acompañantes en las tribunas, mientras que a nosotros, los que habíamos alcanzado el grado de oficiales  y suboficiales de complemento cincuenta años antes, se nos disponía en grupo destacado y unido a los pies de la tribuna presidencial, integrándose con nosotros varios hijos de nuestro Capitán.

Arma de Infantería
Arreciaba la lluvia, que empapaba nuestros trajes civiles, nuestros uniformes de ahora, pero allí permanecíamos entre estoicos y embargados por los efluvios de la emoción al visionar de nuevo tan “in situ” lo que tan nuestro había sido y volvía a ser, y vernos situados frente a la sierra de Grazalema, y al “murex” de nuestros disparos, oliendo a campo, a nuestra montaña querida.
El desarrollo del acto castrense fue, como es habitual en las celebraciones legionarias, impecable, lleno de emoción, con el recibimiento a la bandera, la llegada y revista de tropas por el Secretario de Estado de Defensa acompañado del General Jefe de la Legión, la Jura de bandera por más de setecientos civiles, entre los que destacaba nuestro grupo –que desfiló unido (e identificado cada cual con su "galleta" de la XXI Promoción y 50 Aniversario), hacia la enseña patria, entremezclándose con nosotros,  esposas,  hijos,  nietos--; el homenaje a los muertos, con la ofrenda (escalofriante) al Cristo de la Legión de la corona de laurel, a los sones del toque cornetil de silencio y de toda la banda; la interpretación musical de la pieza legionaria “novios de la muerte”; la salva de fusilería; y el desfile impresionante de las tropas legionarias.
Menos mal que todos mirábamos al frente, y más bien al infinito, porque así quedaron para cada uno de nosotros, para nuestros adentros, las lágrimas de incontenible emoción que, de manera espontánea pero inevitable, nublaban nuestros ojos…
Ojos que sí imaginaron dibujadas en el ya azulado firmamento, las refulgentes estrellas de seis puntas de aquellos compañeros que ya habían partido hacia ese infinito que es el recuerdo perenne.
Tan es así que el “meteoro”, ese tan amado por nosotros “meteoro de Montejaque”, pasó a obsequiarnos al cabo de un rato con un sol brillante, que no solamente secaba nuestras emociones, sino que nos situaba en la realidad del hoy y ahora, desde el ayer que nos había conducido hasta allí. 
Momento de la Jura de bandera
Y entonces salimos en hilera individual con paso sostenido, hasta llegar a la bandera, que besamos con respeto y rubor, notando en nuestros labios el calor de la madre patria que la seda nos transmitía.
Al regreso del juramento, abrazos entre todos, dándonos la enhorabuena, porque habíamos vuelto a nuestros orígenes desde nuestro presente, especialmente acompañados por nuestros allegados y por los familiares de nuestro Capitán, por éste mismo (en lugar de honor en la tribuna presidencial), en torno al cual hicimos racimo para perpetuar nuestro encuentro en las fotos, entremezclados todos, como la mejor demostración de que entre el Capitán y subordinados, profesor y alumnos, se había instaurado ya una indisoluble unión de familia.
Y llegó el culmen, con el desfile de las tropas, impresionante, que enardeció a todos los presentes, rubricando con su aplauso fervoroso la emoción que causaba tanta marcialidad y orden.
Acabado el acto castrense, la alegre conversación prologó el retorno a Ronda, para nuestra propia e íntima celebración del cincuentenario.
Programa de la celebración en Ronda
Nos aguardaba el restaurante “El Mirador de la Espinela”, y en su planta noble se nos había reservado toda una sala, en la que nos acomodamos los concurrentes, presididos por nuestro "Capitán General" y su hijo, ilustre y laureado militar, el Coronel José Manuel Sánchez-Gey Venegas (nuestro “alter ego”, y eficacísimo valedor), y una buena parte de sus familiares más allegados. Toda la sala, todos puestos en pie, recibimos con un emocionado aplauso a nuestro "Capitán General", que compartió mesa con los primeros números de la Compañía y el Cronista de la unidad.
El  Cronista introdujo la bienvenida y glosa de la reunión, en medio de la cual resultó conmovedor y emocionante el recuerdo a los compañeros fallecidos, nombrados por Jesús Bataller uno a uno, en medio de un silencio que cerró una atronadora y emocionada salva de aplausos, después de la lectura del poema dedicado a los que ya nos habían dejado:
“Amigo,
Buen amigo,
Compañero…
Te fuiste
Y no sé quién era primero…
Luces ya con tu estrella en nuestro cielo,
Por siempre en el recuerdo, compañero…”
Placa entregada
Tras las palabras de varios asistentes, se hizo entrega al "Capitán General" de una placa de alpaca, con especial dedicatoria, que se reproduce aquí mismo, y también, de un ejemplar encuadernado en noble de la crónica-novela de la vida campamental, titulada “Noventa días que hacen historia” y “Seis puntas tiene una estrella”, cuya dedicatoria firmaron todos los presentes.
Y, en fin, el Capitán obsequió a sus discípulos con un libro de su autoría, escribiendo y firmando personalmente las dedicatorias, y con fotocopia de las calificaciones de los estudios militares que habían cursado medio siglo antes.
La emoción desbordó a todos, y especialmente al más que nonagenario "Capitán  General", quien solamente podía agradecer con arrebatada emoción tanto afecto, con las palabras de "¡Gracias!", "¡Muchas gracias!""!Sois increíbles!".
Después, una exquisita comida, regada con buenos caldos (por separado se inserta el programa de la celebración y la minuta de la comida), dio paso a la tertulia, a la convivencia, a los cánticos y a la deliciosa conversación.
Póster
Todo esto, y mucho más, se vivió en aquellas jornadas en que se volvió a y desde Montejaque, en un inolvidable encuentro de antiguos compañeros, que podría calificarse como “un ramillete de emociones, en el que sobraron las palabras”

Gracias mil al "Capitán General" y a su familia; gracias mil a todos los compañeros; y a sus familiares y a los amigos; y a los mandos del campamento de Montejaque.
¡Que Dios bendiga a todos!
Y honor para las compañías 4ª y 1ª de la 1ª Agrupación, del campamento de Montejaque, años 1963/64. Que siguen vivas y en actividad cincuenta años después.
Y honor a las Milicias Universitarias, IPS.
Y honor a la Infantería Española.
Y honor al Ejército español que fue y es.
¡Y, sobre todo, VIVA ESPAÑA!
Por encargo del cronista de las Compañías, lo transcribe
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

7 comentarios:

  1. Fue todo muy bonito, yo diría que hasta enternecedor, por momentos, esa alegría disparada de ver a VIEJOS, MUY VIEJOS amigos y personas, curtidos por el peso de los años. ¡Animo!, Suerte, vista y al toro.
    Ahora que no pasen 50 años más para.......... Un abrazo y gracias a todos por vuestro esfuerzo en venir, sin olvidar a aquellos a los que la vida les ha tratado peor y no lo pudieron hacer. J.B

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  2. En sentido descendente.
    Primero agradecer a nuestro CAPITAN GENERAL, por haber "resistido" el paso del tiempo y haberse comportado COMO UN jABATO.
    Segundo a su familia, que le arropó y mimó todo el acto.
    Tercero a todos los asistentes en "cuerpo" y "alma" después de la lejanía de diez lustros, y
    Cuarto, no por último menos importante, a los mandos "ocupas" de nuestro CAMPAMENTO, ya que sin ellos, no hubiera sido posible, todo esto
    Gracias, Gracias y Gracias
    CARTERO

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  3. Querido Ángel

    Que alegría saber que lograste el objetivo propuesto de reunirte con tus amigos y pasar un momento inolvidable, a buena hora , espero lo hayas disfrutado en compañía de tu hermosa familia y amigos, que pena no haber podido estar presente para observar tan distinguida celebración , pero ten por seguro que lo disfrute al leer.

    Te envió un abrazo muy fuerte y saludos a todos por allá.

    Maria Elena

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  4. Muchas gracias, María Elena, por tu delicadeza de unirte a nuestra celebración, cuyos inicios y proyecto viviste en sus comienzos, y que ahora gozas desde tu Ecuador natal, releyendo estas humildes crónicas

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  5. Espero que esto lo lean, compañeros de Las Milicias, año y/o veranos del 1968/1969. podamos hacerlo. Punto de encuentro UNAMU.

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  6. Gracias, Fernando, por tu comentario.
    Si deseas información concreta sobre nuestra experiencia, y cómo seguimos manteniendo el contacto entre nosotros, puedes escribirnos a salpbu@gmail.com

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  7. Fou, sense paliatius, un reencontre altament emocionant: el nostre capità-professor Sánchez Gey, encara viu, acompanyat de bona part de la seua família, un bon grapat dels antics companys de campament i el record emocionat dels què ens han deixat...
    Llàstima que enguany, que hem fet els 50 anys del segon campament -i de la nostra graduació!- no ens hem pogut retrobar.
    Llarga vida a les persones i als ideals que ens empenyaren.
    Marc Ant. Adell

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