miércoles, 10 de enero de 2018

Esta España nuestra: Cuando Cataluña se debate ¿hacia una nueva locura o hacia la sensatez democrática?


"La gran zanja: Cataluña, España y nuestra mente tribal


La crisis que ha atravesado Cataluña ha polarizado a la sociedad y exacerbado nuestra mentalidad tribal. Es preciso rebajar la tensión y regenerar la esfera pública

(Eduardo Suárez, en “Letras libres”, 08 Enero 2018)La política española ha sido un terreno fértil para mentes coléricas. A menudo han pesado menos los argumentos sólidos que las metáforas huecas y han encontrado más eco quienes gritan que quienes intentan explicar la realidad.La crisis que ha atravesado Cataluña ha exacerbado esa tendencia. Se han publicado muchos artículos bien argumentados. Pero también insultos, hipérboles y juicios de intenciones que han empobrecido la esfera pública de una forma que nos resulta familiar a quienes cubrimos la elección de Donald Trump.
El debate se ha degradado en una inercia que ni los políticos ni los periodistas hemos sabido o hemos querido detener. Esa inercia ha agrandado la brecha que separa a los catalanes. Se ha creado una
atmósfera en la que todo vale si apuntala tu posición.
Yo también tengo la mía. Estoy a favor de una Cataluña plural, moderna y abierta a Europa y en contra de cualquier proyecto que se asiente sobre la fantasía étnica de la uniformidad. No creo que tenga sentido una vía unilateral a la independencia ni mantener en prisión preventiva a los políticos catalanes. Tampoco creo que podamos encontrar una solución a esta crisis a espaldas de la mitad de los catalanes: de cualquier mitad.
Escribo esto aquí porque me parece justo que el lector sepa desde qué posición escribo. Pero este texto no es un análisis sobre el fondo de la cuestión catalana sino un artículo contra la forma en la que han evolucionado los discursos de algunos actores durante este periodo de tensión.
Por supuesto, no todas las voces son culpables y no todas son culpables por igual. El objetivo de este texto es explicar por qué esta atmósfera es nociva con la ayuda de algunos ejemplos y de intelectuales que han estudiado los efectos de la polarización. El final de la campaña ofrece ahora un respiro y quizá la oportunidad de abrir una página menos bronca en el conflicto que se libra en Cataluña. Merece la pena evaluar lo ocurrido con la esperanza de que no vuelva a ocurrir.
Anatomía de la paranoia
La revista Harper’s publicó en noviembre de 1964 el artículo The Paranoid Style in American Politics. Su autor era el historiador Richard Hofstadter, que había pronunciado unos meses antes una conferencia en la Universidad de Oxford con un argumento similar. El artículo, que generó un enorme debate, era un alegato contra el pensamiento paranoico de los
activistas de la derecha radical en Estados Unidos, que habían empujado ese año al senador republicano Barry Goldwater hasta la candidatura presidencial.
El texto no era una crítica a las propuestas concretas del candidato sino una disección de la forma psicótica de hacer política de sus seguidores: una amalgama de conservadores, evangélicos, anticomunistas y ultras de la Sociedad John Birch.
“Al librarse siempre un conflicto entre el bien absoluto y el mal absoluto, lo que es necesario no es un acuerdo sino la voluntad de luchar hasta el final”, escribe Hofstadter sobre esa forma de hacer política. “Esta demanda de un triunfo total conduce a la formulación de objetivos que no son realistas. Al ser imposible lograrlos, el fracaso exacerba el sentimiento de frustración del paranoico. Incluso un éxito parcial le deja con el mismo sentimiento de impotencia que tenía al principio”.
El estilo paranoico de hacer política del que habla Hofstadter se ha ido agravando en Estados Unidos. El ocaso de los demócratas sureños, el triunfo de Ronald Reagan y el ascenso del Tea Party han ido empujando a los republicanos hacia una paranoia cuyo exponente máximo es la elección de Trump.
Esa paranoia, cuyo impacto en las presidenciales de 2016 ha estudiado en Harvard el profesor Yochai Benkler, no ha evolucionado de forma uniforme sino asimétrica. Entre los republicanos, ha silenciado la influencia de medios conservadores moderados como el Wall Street Journal en favor de páginas radicales como Breitbart News, cuyos artículos sobre inmigración dominaron la conversación durante la campaña. Entre los demócratas, las voces más influyentes han sido medios moderados como el New York Times o el Washington Post.
El artículo de Hofstadter explora el estilo hiperbólico en el que los líderes paranoicos definen a sus adversarios políticos: “El enemigo está delineado con claridad. Es el modelo perfecto de malicia, una especie de superhombre amoral: siniestro, ubicuo, poderoso, cruel. Al contrario que nosotros, el
enemigo no es una víctima de su pasado, de sus deseos, de sus limitaciones. Se inventa crisis, inicia retiradas de depósitos bancarios, causa crisis económicas, crea desastres y se aprovecha de la miseria. (...) A menudo al enemigo se le supone una fuente especialmente efectiva de poder: controla la prensa, tiene financiación ilimitada y poder para lavar el cerebro y una técnica especial de seducción”.
No es difícil percibir en esas líneas de Hofstadter algunos de los argumentos que hemos escuchado durante el procés. Las voces más extremas han presentado al adversario como un ente todopoderoso o como el arquetipo de la maldad. Ese maniqueísmo ha dividido a los ciudadanos y ha propiciado que la política dejara de ser el arte de lo posible: uno no puede sentarse a negociar con Lucifer.
La paranoia que retrata Hofstadter está presente en algunos de los relatos sobre Cataluña: el adoctrinamiento generalizado en las escuelas, el dinero del IBEX que tutela a Ciudadanos, la omnipotente mano negra del Kremlin o los espías españoles que empujaron a atentar al imam de Ripoll. Se han elaborado relatos en torno a hechos falsos o a medias verdades. Se han elevado a categoría sucesos anecdóticos que concuerdan con la perspectiva de quien los pone en circulación.
Cada bloque mide al otro bloque por la conducta de sus elementos más extremos. En ocasiones por la conducta de elementos que ni siquiera pertenecen a él. El saludo nazi de un energúmeno en Barcelona es la prueba de que quienes se oponen a la independencia son ultras sin escrúpulos. La expulsión de los guardias civiles de un hotel de Calella es la prueba del fanatismo de dos millones de votantes del independentismo catalán.
Cualquier detalle es la prueba de la maldad del enemigo: los ataques indiscriminados a los reporteros, los carteles que señalan a los líderes constitucionalistas o el apoyo de una asociación a un tuit que dice que no son catalanes quienes no están a favor del independentismo catalán.
La Cataluña ilustrada no es inmune a esta enajenación transitoria: una catedrática firmó un documento que define a España como “un país agrícola que se dedica a la caza y a atraer jubilados” y un investigador a sueldo del contribuyente llegó a decir que el candidato socialista Miquel Iceta era “un payaso”, “un impostor” y una persona “repugnante”.
Quienes se oponen a la independencia han definido a sus adversarios como paniaguados, racistas y miserables. Los secesionistas los han retratado como traidores, colonos, franquistas y botiflers.
Concebir la política como una batalla moral es el primer paso para deshumanizar al adversario y para destruir el equilibrio en el que se basa cualquier democracia. Una batalla entre el bien y el mal no admite matices. Cava una zanja que divide el país en dos mitades. Asomarse a esa zanja se vuelve cada vez más difícil. Elimina cualquier incentivo para llegar a un acuerdo que desinfle la tensión y ponga las bases para reconstruir la convivencia. Sin ese acuerdo es imposible encontrar una solución.
La caverna de Lippmann
Walter Lippmann apenas tenía 33 años cuando publicó Public Opinion en 1923. Acababa de volver de Europa, donde había trabajado con el legendario George Creel en la organización responsable de la propaganda de Estados Unidos durante la I Guerra Mundial. La guerra convenció a Lippmann de que era más fácil manipular al ser humano en situaciones de tensión extrema, cuando las emociones se adueñan de la muchedumbre y borran cualquier atisbo de racionalidad.
“En tiempos de seguridad moderada, los símbolos de la opinión pública están sujetos a comprobaciones, símiles y argumentos: van y vienen, concitan acuerdos y se olvidan sin llegar a organizar la emoción de todo el grupo”, escribe Lippmann. “Pero
queda una actividad humana en la que toda la población alcanza la unión sagrada. Eso ocurre en medio de una guerra, cuando el miedo, el odio o la beligerancia han asegurado el dominio completo del espíritu para destruir cualquier otro instinto”.
La atmósfera casi bélica que hemos vivido desde septiembre no es casual. Responde a los intereses de quienes necesitan avivar el conflicto para sobrevivir. Como explica Hofstadter, la política paranoica requiere un bloque monolítico y un enemigo bien definido. Los argumentos de sus líderes encogen en el escenario prosaico de una negociación multicolor.
Plantear un conflicto en términos absolutos se ajusta muy bien a la psicología del ser humano. Al fin y al cabo, somos seres tribales. La evolución nos ha programado para adaptar nuestras creencias a las de las personas que tenemos alrededor. Nuestros cerebros no están programados para desafiar nuestros prejuicios sino para reforzarlos y esa tendencia se agudiza (no se reduce) con la educación.
Estos datos demuestran por ejemplo que el escepticismo sobre el cambio climático es mayor entre los republicanos con educación superior. Como explica la investigadora Tali Sharot en su libro The Influential Mind, la educación a veces potencia los sesgos cognitivos: las personas más cultas se las arreglan para encontrar argumentos que apuntalan sus puntos de vista. Nuestros cerebros están programados para reaccionar a las historias y a las emociones. Los datos no suelen hacernos cambiar de opinión.
Esa perspectiva coincide con lo que cuenta en este artículo Pau-Marí Klose. También con la experiencia de Katherine Cramer, profesora de la Universidad de Wisconsin, que recorrió durante años varias comunidades rurales de Wisconsin para comprender mejor el resentimiento de sus habitantes hacia las elites ilustradas de ciudades como Nueva York. “Uno puede presentarles todos los datos del mundo pero no servirá de nada”, explica Cramer. “Ignorarán esos datos si tienen la impresión de que la gente que se los pasa los toma por tontos”.
La atmósfera que habitamos tiene una enorme influencia en la forma en que percibimos la realidad. “La influencia más sutil y penetrante es aquella que crea y mantiene el repertorio de nuestros estereotipos”, escribe Lippmann sobre el peso de ese aprendizaje social. “Se nos explica el mundo antes de que podamos verlo. Imaginamos la mayoría de las cosas antes de experimentarlas y esos prejuicios que creamos gobiernan nuestro proceso de percepción a menos que la educación nos haga consciente de ellos”.
Lippmann define esos estereotipos como “las imágenes en nuestras cabezas” y abre Public Opinion con un fragmento del mito platónico de la caverna, que utiliza como una alegoría de nuestra incapacidad para comprender del todo los problemas de la

sociedad. A Lippmann no le preocupan tanto nuestros prejuicios como la seguridad con la que asumimos que son ciertos y el modo en que rechazamos otros puntos de vista sobre asuntos sobre los que tenemos un conocimiento muy superficial.
El psicólogo Jonathan Haidt apunta una forma de moderar la opinión de una persona sobre un problema: pedirle que lo explique con sus propias palabras. “Esa persona se da cuenta de que no comprende todos los ángulos del problema y empieza a actuar de otra manera”, explica Haidt, que echa en falta los matices en el análisis que algunos intelectuales progresistas hacen de los votantes de Trump.
Muy pocos han intentado examinar esos matices durante la crisis catalana. Hemos leído que el separatismo paseaba su odio por las calles de Bruselas o que el independentismo era “el nuevo nazismo”. También que aplicar el artículo 155 era una estupidez, que Ciudadanos se creó para apartar el catalán de Cataluña o que son los independentistas quienes intentan frenar “la destrucción, el caos, el apocalipsis”. Pocos han apuntado en cambio que los catalanes se perciben a sí mismos mucho más moderados que a sus partidos o que una proporción importante apoyaría una tercera vía si se le diera esa opción.
A quienes alimentan el conflicto en Cataluña no les interesa que emerja esa tercera vía. Alguno ha llegado a decir que quienes la defienden son como los judíos que creyeron posible aplacar a Hitler en la Alemania nazi sin que esas palabras hayan forzado su dimisión. Independentistas y constitucionalistas han usado sin pudor la alegoría de la Alemania nazi. Más de uno ha llegado a comparar al independentismo con el Ku Klux Klan.
El diseño de las redes sociales y la adicción a los clics de muchos medios han ofrecido un altavoz de las voces más estridentes y han ayudado a que muchos catalanes vivan atrapados en una ficción. Esa atmósfera bronca ha empujado a los más radicales a envenenar el espacio público con insultos, palabras xenófobas y falsedades. Han llegado a decir que Ciudadanos era “un partido neofalangista” o que el “tragaldabas Oriol Junqueras” se comería en prisión “un lujoso menú pagado por España”. Se ha sugerido que un camión podría atropellar a todos los jueces del Supremo o que Franco moriría en una urna catalana… ¡42 años después!
Mención especial merecen los insultos machistas. Se han publicado infundios malintencionados sobre Elsa Artadi. Se ha llegado a decir que Anna Gabriel era “un orco” y gastaba “muy poco en desodorante”. Se ha publicado que Inés Arrimadas era “una mala puta” y se ha deseado que sufriera una violación en grupo.
Son palabras que se descalifican por sí solas pero que
han encontrado eco en un entorno en el que todo vale para golpear al adversario y en el que las emociones pesan más que la razón. Esa atmósfera también la retrató Lippmann hace casi nueve décadas: “En el momento en el que uno empieza a
hablar de fábricas, minas, montañas o incluso de una autoridad política como los ejemplos perfectos de algún principio eterno, ya no está debatiendo sino combatiendo. Ese principio eterno censura todas las objeciones, aísla el problema de sus orígenes y de su contexto y prende la mecha de una emoción fuerte, que es apropiada para los principios pero nada apropiada para hablar de muelles, almacenes o inmuebles. Y si uno empieza en ese tono ya no puede parar”.
Seres tribales
Jonathan Haidt es el autor del libro The Righteous Mind, que analiza los orígenes y los efectos de la polarización. En noviembre pronunció este discurso en el Manhattan Institute, un instituto de pensamiento conservador. El discurso, que ha reseñado en esta columna David Brooks, se centra sobre todo en las amenazas a la libertad de expresión en los campus de Estados Unidos. Pero sus palabras aportan luz también para la atmósfera que se ha creado en Cataluña.
“La evolución nos ha diseñado y adaptado de forma exquisita para vivir en sociedades pequeñas con una religión intensa y animista y con un conflicto violento entre distintos grupos por el territorio”, dice Haidt. “Amamos tanto la vida tribal que hemos inventado los deportes, los clubes de fans y los tatuajes. La mentalidad tribal está en nuestros corazones y en nuestras mentes. Nunca podremos deshacernos del todo de ella pero podemos minimizar sus efectos porque somos una especie con una conducta flexible”.
Reducir el efecto de esos instintos tribales que cita Haidt es difícil pero no imposible. Algunos proyectos empiezan a intentarlo, asustados por los seísmos políticos recientes y por sus consecuencias para el futuro de nuestras sociedades. El profesor Ethan Zuckerman acaba de lanzar la herramienta Gobo, que permite a cualquiera abrir sus perfiles sociales a opiniones que no concuerdan con sus puntos de vista. A principios de octubre intentamos algo similar en Politibot: preguntar a nuestros usuarios en Telegram y Messenger su opinión sobre aspectos de la crisis catalana y ofrecerles después artículos en contra de esa opinión. Muchos de nuestros usuarios agradecieron ese esfuerzo en este entorno de alta tensión.
Las redes sociales también pueden ser parte de la solución. Este proyecto unió en un grupo privado de Facebook a 25 mujeres que habían votado a Trump en Alabama con 25 mujeres de San Francisco que habían votado a Hillary Clinton. Las conversaciones generaron comprensión entre personas con
experiencias muy distintas e inspiraron series periodísticas sobre los asuntos que apenas salían en la prensa o que los medios no estaban explicando bien.
Una sociedad partida en dos mitades es una sociedad enferma. Recomponerla requiere un esfuerzo de quienes tienen un altavoz en la esfera pública: los políticos, los periodistas o los líderes de la sociedad civil.
Los periodistas podríamos ayudar también a romper ese círculo vicioso. Este informe de Claes de Vrees para el Shorenstein Center ofrece algunas claves útiles para cubrir mejor cualquier fenómeno populista. Algunas son obvias como explicar en detalle los efectos concretos de las propuestas políticas de cada partido o huir de los relatos que presentan las elecciones como una carrera de caballos o como una batalla campal. Otras requieren cierto esfuerzo como ignorar los ataques de los políticos que disparan contra los reporteros. En palabras del profesor De Vrees, “comportarse como un civil cuando te disparan como a un enemigo”.
El entorno no es el más propicio para rebajar la tensión y regenerar la esfera pública en Cataluña. Pero esa regeneración es el primer paso para empezar a resolver esta crisis. Una zanja cada vez más honda solo empeorará las cosas. ¿Por qué no tender un puente hoy?




Gracias a mi buen amigo riojano, ilustre profesor sobre la narrativa cinematográfica, Jorge Latorre, he llegado al artículo que reproduzco antes, y que me ha seducido por la objetividad y concreción con las que analiza la problemática del conflicto independentista catalán.
La verdad es que desde que finalizaron las elecciones autonómicas de Cataluña me había conjurado a no lanzarme a comentarios sobre los desvaríos y esperpentos de las partes o sectores en conflicto, y casi me siento comprometido a no volver a hacerlo hasta que cuaje la composición del nuevo Parlament y se alumbre el nuevo Govern, si es que ocurre, que difícil parece.
Pero al filo de lo que con tanto tino escribe Eduardo Suárez, creo que no es demasiado tarde para que vayan apeándose extremismos, reproches, insultos, rebeldías infundadas y sentimentalismos de vía estrecha, que en el problema catalán solamente han contribuido a crispar la vida social en una región como la catalana, casi siempre tan tradicional y moderada, cercada por su proverbial “seny” o sentido común.
Hace unos días un buen amigo y compañero desde antaño, catalan-parlante y muy vinculado a la región, no solamente por raigambre natal del norte de la Comunidad Valenciana, sino también por haber trabajado en Cataluña y tener familiares trabajando en ella, me sorprendió en buena manera cuando en una comunicación privada entre nosotros denotó una excitación o irritación impropia de él, atribuyendo al gobierno de España los males que sufría la educación en la región y hasta rasgándose las vestiduras por la ideada “brutalidad” de las fuerzas de seguridad “del gobierno español” en la represión de las pacíficas e idílicas manifestaciones frente a la Consellería de Economía de la Generalitat, en las que por puro
accidente se destrozaron coches de la Guardia civil, y si se impidió la salida de una comisión judicial y de las fuerzas de seguridad que la protegían fue por puro miedo (así se dijo), porque en la calle los miles de manifestantes que eran arengados se limitaban a gritar. (Ésta es al menos la manipulada versión que ofrecieron los “pacíficos” dirigentes que todavía están en prisión, ahora llamados “rehenes” del gobierno central).
Mas soslayando, por manido y repetido, lo del victimismo de los independentistas, sigue quedando claro que cuando dos no quieren ninguno de ellos habla con el otro.
Parece que algunos, váyase a saber si bajo las convincentes razones de un presidio, han dicho que renunciarían a una declaración unilateral de
independencia, pero del dicho al hecho media buen trecho, como enseña la fábula del escorpión que prometió a la rana no clavarle el aguijón si le cruzaba el río a sus lomos, y que bien se sabe que se vió impelido a actuar “según le exigía su naturaleza”, o séase, clavando.
Ahora, después de unas elecciones que han dejado un panorama electoral muy complejo, con un práctico empate, los pro-independencia proclaman que quieren la presidencia del Parlament y el control del Govern, aunque entre ellos van lanzándose “ataquitos” simulando estar en abierta oposición, pero poco creíbles, máxime cuando sus líderes, están “fuera de juego”. El uno, en prisión, por alentar e inspirar la sedición; el otro, cobardemente huido al extranjero, para no ser detenido por lo mismo; y los dos cabecillas de los alborotos y las “pacíficas violencias”, también degustando rancho carcelario, por haber sido “pacificadores”…
Así no habrá solución, y mucho me temo que seguiremos con el enredo catalán por mucho tiempo, porque nadie quiere hablar con el oponente, ya que entiende que ello implica rebajarse o ceder.
Es indudable que la fuerza de la Constitución española dota de muchas mayores posibilidades a las tendencias de los no independentistas, pero vistas las intenciones casi revolucionarias y antisistema de los otros, parece aconsejable usar más la prudencia que la fuerza y energía de las razones legales.
En esas estamos, y la verdad es que esa incertidumbre sobre si vamos a otra nueva locura independentista o si llegaremos a la razón y por vía de diálogo y pacto se hallará alguna solución, esa incertidumbre, repito, en nada beneficia ni a la economía de Cataluña ni de España. Y menos a la convivencia
Pero, ya se sabe, los separatistas se olvidan de la economía (antes ya han desviado muchos fondos para sus maniobras) y los defensores de la unidad española piensan que su fuerza por la razón evitará mayores daños.
Como dice el refrán,
“los unos por los otros, la casa está sin barrer”.
Recojo de Internet:
” “Yo la amaba. Sí. Mas con lo que habéis osado, imposible la hais dejado para vos y para mí». Se lo dice don Luis Mejía a don Juan Tenorio tras el engaño que el burlador hizo de doña Inés de Ulloa, al que añadió el anuncio de su intención de seducir también a doña Ana, prometida del propio don Luis. ¿No hay un cierto paralelismo entre ese drama -fantástico-religioso según su autor, ripioso para algunos e inmortal para otros- con la situación política de hoy mismo?”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

martes, 2 de enero de 2018

Carta a los Reyes Magos 2018: Para que se cumplan nuestros deseos, previsiones y propósitos


Queridos Reyes Magos de Oriente:

Permitidme el tuteo, ya casi impuesto en nuestra sociedad, y que me dirija a vosotros como “reyes” masculinos (y no como “reinas magas” que algunos raros políticos iconoclastas y anti-sistema han introducido en capitales como Madrid y Valencia).

Me decido a escribiros desde la costumbre y la tradición de toda la vida, porque ya en la más tierna infancia se nos instruyó que vosotros, por un mensaje desconocido, seguisteis una estrella que os condujo por todo el Oriente hasta la humilde cueva-pesebre que para nosotros era, fue, y para
muchos sigue siendo, el lugar en que Dios se hizo Hombre.

Al margen de bastantes majaderías de unos gobernantes resentidos y rompedores sin motivo, y especialmente ineptos e incultos (los "Herodes" del siglo XXI), todavía quedamos bastantes –mayores y más jóvenes— que seguimos creyendo y confiando en la edificante historia de los Reyes Magos de Oriente, que se postraron ante el Jesús recién nacido en el portal de Belén, para ofrecerle oro, incienso y mirra.

Y por eso, queridos Reyes, en estas vísperas de vuestra fiesta en España, pese a la enorme competencia artificial originada por el comercio con la figura de Santa Claus o Papá Noël (que no son sino la réplica de origen anglosajón a la fiesta cristiana y tradicional de siempre), me dirijo una vez más a vosotros, queridos Magos de Oriente, si bien con la peculiaridad de que me atrevo a hacerlo mediante esta carta que quiero se publique en las redes sociales, para que no quede ordenador, tablet, móvil o cualquier otro ingenio similar, que no pueda recibirla, y así se conciten adhesiones o (tal vez no) rechazos.

Ya es demasiado largo este introito, y por eso debo comenzar a pediros cosas y a formularos deseos, para que vosotros, que fuisteis capaces de peregrinar tras una estrella en busca de la verdadera luz, y después, con vuestras ofrendas  marcasteis a la humanidad el camino de la petición, llevéis nuestras necesidades  y anhelos ante Quien todo lo puede y seáis mediadores  con vuestras aportaciones, de regalarnos lo pedido y lo ansiado.

¿Lo primero? Amor. Pero no ese “love” de las revistas y programas del corazón, sino ese concepto infinito y eterno del amor entre los humanos y para todo lo que les rodea, a la imagen y semejanza del que vosotros buscasteis en el portal de Belén.

Ese Amor entre los esposos, los padres con los hijos, los hermanos entre sí, los familiares, los vecinos, los ciudadanos, los de una u otra tendencia social y política, los ricos con los pobres y viceversa, las naciones, el universo.

Ese Amor que implique, transporte consigo, la Paz. Entre todos y todo, como la mejor forma de armonía y entrañando los propósitos de conductas comprensivas, generosas, tolerantes, nunca de fuerza ni de violencia.

Ese Amor que permitirá superar los individualismos, egoísmos, corrupciones, mentiras, y que deberá conducir a la mayor armonía entre todos nosotros.

Bien que os diréis, cuando leáis (como espero) esta carta, que os pido muchas cosas bonitas y generales, pero que tal vez esos conceptos superan la concreción a la que vosotros estáis obligados por la tradición que os ha nombrado los “reyes” de los regalos, y por eso, más que incluiros una lista de peticiones, al modo de los infantes que todavía se
acuestan pronto en la “noche de Reyes”, para estar dormidos cuando visitéis su casa, os pido que continuéis siendo los “Reyes” de siempre, y por tanto vayáis a casa de todos los políticos (incluidos los fugados a Bélgica y lo que están en prisión, por sus “geniales ideas”) y les dejéis, no el carbón que tradicionalmente se dejaba como castigo a los niños que se habían portado mal, sino el oro de la generosidad, el incienso del amor a los semejantes y la mirra de los remedios curativos de los males sociales.

Ya que dejaréis esas cosas a los gobernantes, no hagáis menos con los gobernados, y hacedles llegar en sus sueños la paz, el amor y el ansia de verdad que vosotros buscasteis, porque de esta forma, la Navidad tomará en la humanidad la justa dimensión de la armonía entre la materia y el espíritu, y, pasadas las fiestas navideñas, todos podamos ser un poco mejores.

¡Ah! Y si tenéis relación con las “reinas magas” (que seguro no os quedarán lejos; aunque de diferente sexo son de la misma especie) o con “Santa Claus o Papá Noël (otros colegas vuestros no ajenos a la Navidad), informadles, como compañeros más que
competidores que son, de esta mi carta, que nunca se sabe por ”mano” de quien llegan los bienes o las bondades a este mundo nuestro.

En la confianza de que los nuevos “carteros reales” que son las redes sociales os hagan llegar esta carta, ya os digo que no merece respuesta escrita, sino consecuencia generosa por vuestra parte.

Éste que fue, y quisiera seguir siéndolo, niño…

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA


"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya"
Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) Escritor francés

domingo, 31 de diciembre de 2017

En la frontera: ¡Feliz Año 2018!

Cuando llega esta fecha, todos los años, y cada vez más, el móvil casi se colapsa por mensajes, WhatsApps y toda clase de comunicaciones, más o menos simpáticas, más o menos graciosas, más o menos cariñosas, pero muy pocas originales, mediante los que las gentes, los amigos y los conocidos compiten en enviarnos textos de felicitación, que muchas veces nos llegan por tres o cuatro conductos, lo que denota su, en general, ignota autoría. O la "copia generalizada" 
Hay muchas maneras de combatir esta invasión a lo "hormiga procesionaria", pero lo mejor es acogerlo todo pensando en la buena voluntad de quien lo
remite, y respondiendo no con otra aparentemente original frase o sentencia, sino con el tradicional "Feliz Año Nuevo".
Pues eso, y no otra cosa, pretendo mediante este post, y por ello, con el deseo de que a todas las gentes el año que se nos echa encima sea de lo más venturoso y próspero, hago votos fervientes de que el mundo conozca la paz, algo tan deseado y tan inexistente; de que las naciones prosperen en la armonía social; de que las sociedades mejoren las carencias económicas y aporten la mayor igualdad entre los ciudadanos; de que la ideas egoístas y descabelladas queden soterradas por la sensatez; de que los esposos y las parejas se quieran más y mejor; de que los padres y los hijos estrechen sus vínculos y comprensión; de que los vecinos se entiendan; de que los agraviados vean compensados sus sufrimientos; de que la igualdad de géneros sea una realidad social y no un arma reivindicativa de quienes solamente buscan romper los moldes sociales...etcétera
En una palabra, que la Paz se imponga en el mundo.
Con ese propósito descabezo estas líneas, porque aparco las críticas (¡y mira que hay motivos!) y simplemente proclamo mi deseo de que el mundo sea mejor.
¡FELIZ AÑO NUEVO! ¡FELIZ AÑO 2018!
Os desea
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

viernes, 22 de diciembre de 2017

Efemérides singular el 22 de diciembre. Una Tamara que honra al mundo e ilumina la humanidad


Cada año, cuando el invierno ya va presentando sus blancas realidades en España, y en Europa los ríos van helándose y las chimeneas siembran de aromas de leña ardiente los entornos, llega una fecha que ni puedo ni quiero soslayar: El 22 de diciembre.

Es en ese día, hoy,  cuando me surge la necesidad imperiosa de glosar, no a una persona ya partida de este mundo y que ya ha alcanzado glorias canónicas, sino a una mujer que sigue entre nosotros, inigualable, única; que en esa fecha, años atrás, en ambiente y circunstancias bien distintas, vió la luz en su Kremenchuk ucraniano, para después iluminar ella misma las aulas de la Universidad Médica Bogomolets, de Kiev, y acabar expandiendo su profesionalidad, clarividencia y más aún su bondad, en esta España nuestra, a la que viene aportando sus mejores esencias como esposa, madre y médico ejemplar.

Ecce el motivo de mi glosa en este día de hoy: Tamara, la mujer, la digna sucesora andando los siglos de aquella Tamara, la Tsaritsa, clarividente reina de Georgia, que alcanzó la santidad y que
gobernó con prudencia y sabiduría su reino y supo extender la ciencia, la cultura, la convivencia y la paz entre sus súbditos y los vecinos.

Hoy se trata de otra Tamara, ilustre como la predecesora en el nombre, y que nos llegó hace ya muchos años desde su Ucrania natal y viene orlando esta España tan suya y tan nuestra.

Se trata de una Tamara inolvidable, dulce, serena, firme, prudente, generosa; en pocas palabras, un prodigio de mujer.

Prodigio de mujer, repito, a quien hoy, lleno de gozo, elogio, ensalzo y felicito con todo mi corazón.

Y digo más: Imposible desear que llegue a reinar en mi vida. Ya lo hace; que por algo es mi esposa.

¡Bien hayas, Tamara amada! ¡Bien hayamos con tu vida entre nosotros!

Por muchos años y por siempre.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Las estrellas de la Navidad: cuando se entreveran las emociones, los afectos, los recuerdos y las nostalgias


Un año más, afortunadamente, vamos a celebrar la Navidad, con su barahúnda de encuentros, felicitaciones, regalos por mano del anglosajón Santa Claus, mensajes de afecto y recuerdo, y nostalgias sin fin por aquellos seres que se nos fueron, al menos físicamente, para siempre. 
Es tradicional, es bonito y entrañable, asociar la Navidad a esa estrella rutilante que en los tradicionales belenes se situaba junto a la cueva en la que se representaba el nacimiento de Jesús, y que lucía como señuelo para los pastores que la tradición cuenta que fueron a adorar a Jesús, y hasta para los Reyes Magos que desde Oriente se dirigían en
búsqueda de quien se les había anunciado como su Salvador. 
Entrañables y emocionantes leyendas que, en su vertiente fantasiosa, han llenado nuestras infancias y nuestra juventud, hasta que la desacralización de los tiempos actuales ha trocado aquella estrella y aquella representación de los nacimientos de Jesús en árboles iluminados y guirnaldas que contornean las plazas y calles. 
Mas por encima de aquellas o estas representaciones actuales, el tiempo de Navidad sigue entrañando una llamada al afecto entre las gentes, entre las personas de la misma familia, entre los amigos, entre los vecinos, y hasta entre los conciudadanos, que llegan a ser capaces de enervar sus cuitas y diferencias, sus
extremismos a veces fanáticos, para que parezca (al menos para que parezca) que sobre el mundo y sobre la sociedad empieza a reinar la armonía del cariño.
Tiempo también de recuerdo a aquellos que ya se nos fueron de nuestra vida material, bien por largas ausencias, bien porque sus existencias pasaron a otro estadio. 
Y ahí surgen las nostalgias de los tiempos vividos con ellos, en su compañía, y de las bondades de sabiduría y cariño que nos legaron. 
Surgen así en la Navidad “las estrellas”, esos otros astros o planetas que en las oscuras noches de la Navidad orlan y acompañan a la estrella de Belén, la que según la tradición marcó el camino hacia Jesús. 
Esas otras “estrellas de la Navidad” nos reconfortan en la nostalgia, porque nos hacen sentir cercanos, como revividos, como permanentes, a quienes ya dejaron este mundo y que , al menos deseamos, ya gozan de la paz y el descanso que al despedirles les deseamos. 
Sirvan estas líneas para desear a todos y cada uno de los lectores que luzcan en el firmamento de sus
vidas esas “estrellas de la Navidad”, que identifican en sus corazones a los padres, hijos y familiares que ya adornan los cielos de nuestra memoria afectiva; y para hacer votos inspirados en el cariño y en el aprecio para que estos tiempos navideños les sirvan de estímulo y consuelo, y les hagan más humanos, más comunicativos, más generosos, más auténticos, más dispuestos a hacer el bien y acompañar en lo necesario a los demás. 
Y entre esas “estrellas de la Navidad”, en esta ocasión no puedo dejar de tener presente a la egregia persona que durante los últimos años ha significado un modelo de humanidad, sabiduría y
afecto para un grupo de mozalbetes que recibieron su formación humana y militar en el campamento de Milicias Universitarias de Montejaque-Ronda, aquellos ya lejanos e inolvidables años 1963 y 1964, encuadrados en la XXI Promoción de las Milicias Universitarias IPS: Don José Manuel Sánchez Gey. El muy querido “Capitán general” que el 1 de octubre pasado, a sus noventa y ocho años bien cumplidos, decidió convertirse para siempre en otra de nuestras “estrellas de la Navidad”. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Esta España nuestra: ¿En Cataluña, los independentistas “se convierten” a la ortodoxia constitucional? Las falsedades de unos fracasados…



“Qué poco les ha durado el patriotismo
Rull, Turull, Forn, incluso el mismísimo Oriol Junqueras. Hartos de la cárcel, han decidido tirarse de la moto, aceptar el 155, decir que lo de la DUI fue algo simbólico, apenas nada, y pedir que los excarcelen. Siguen la estela de Carme Forcadell. El patriotismo de algunos termina en cuanto empiezan las consecuencias.
La carta de Josep Rull
Los tres ex Consellers, así como el ex Vicepresidente, alegan las mismas razones para solicitar su puesta en libertad: no pusieron ningún obstáculo al 155, lo acatan, se presentaron voluntariamente a declarar
ante la Audiencia Nacional y no presentan riesgo de fuga. Alguno añade la coletilla de que la DUI no fue más que algo simbólico. Junqueras, perversamente, apostilla que ya no existe ni declaración de independencia por estar anulada por los tribunales ni república catalana. Una patada en el hígado al gobierno fantasma de Bruselas.
Dicho en román paladino, los ex miembros del Govern quieren salir sea como sea para poder participar en la campaña electoral. También quieren dejar la cárcel que, no por moderna, deja de ser un sitio en el que nadie los trata de Honorables Consellers, ni son Vips ni tienen coche oficial, ni escolta ni VISA. Es lo que pasa cuando se ha vivido entre los algodones del cargo con moqueta y la realidad te da un guantazo para hacerte recobrar el sentido.
Josep Rull hacía llegar una carta a los trabajadores de su Consellería que define muy bien cuán blanditos son estos chicos del proceso. Dice en ella que, y citamos literalmente “El tránsito en los furgones hacia las cárceles donde teníamos que ir se convirtió en un auténtico viaje hacia lo más profundo de nuestras almas”. Ese hombre no sabe lo que es hacer cola en la oficina del paro, sabiendo que tienes la luz y el agua cortadas por falta de pago y un aviso de desahucio del banco por no pagar la hipoteca. Ese sí que es un viaje a lo más profundo del alma de la pers
Sigue con el tono decididamente melodramático: “Nuestros compañeros de módulo son presos
comunes con sentencias por todo tipo de delitos, incluso de sangre”. Ni en presidio pueden dejar de mentir. En primer lugar, allí todos son presos comunes, señor mío, usted incluido. En segundo lugar, obvia que está internado –igual que sus compañeros– en un módulo de seguridad, en el que no se producen incidentes. Pero todo vale si lo que se pretende es dar la imagen de un pobrecito mártir encarcelado por defender la Cataluña del helado diario como postre
Lo que en realidad le jode a esta panda es tener que vivir en pie de igualdad con el resto de los reclusos. Normal, si ya les molestaba ser iguales que el resto de sus conciudadanos catalanes, imagínense comer lo mismo y respirar el mismo aire que personas que han delinquido. Delincuentes comunes. Deben pasarse el día con la nariz arrugada. Ellos, los más patriotas, los más osados, los intocables, relegados a comer ranchito. Digamos que la humildad no es la característica principal de los cesados. Pero tienen otra. La cobardía, el miedo, la cagalera. Lo dije hace
tiempo cuando Toni Soler, el independentista que pagamos todos a través de su productora de televisión, se negó a paga una multa de doscientos pavos que le iba a imponer la policía por llevar una pegatina ilegal del famoso CAT. “La quité rápidamente, porque doscientos euros son doscientos euros”. Vaya por Dios. Hasta ahí llegaba su patriotismo, hasta los doscientos machacantes
Pues a estos les sucede igual. Creían que su gesto histriónico de ingresar en prisión iba a sacudir a la sociedad catalana, pero cuando han visto que aquí pasar, lo que se dice pasar, no pasa nada, que Puigdemont vive a cuerpo de rey en Bruselas y que los días se suceden unos a otros con calma chicha, han debido comprender que su actuación no ha podido ser más inútil. Que han hecho el canelo, vaya.
Algunos se habrán mirado en el espejo de los dos Jordis diciéndose “Nen, cambia de tercio, que de aquí a nada estos cabrones de los tuyos se olvidan y te quedas aquí hasta que el juez quiera”. Un patriotismo ejemplar, ya les digo
Unos sí y otras no
No todos los reclusos ex miembros del Govern adoptan la misma posición, claro. Ahí tiene ustedes al que se autoproclamaba ministro de asuntos exteriores de la Generalitat, Raül Romeva, o al ex de Justicia, Carles Mundó, que no se han movido de su posición inicial, bueno, al menos hasta el momento en que este artículo se está escribiendo.
De las que tampoco se sabe nada acerca de si aceptan el 155 o no es de Meritxell Borrás y Dolors Bassa, conselleras de Gobernación y de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia, respectivamente, ingresadas en Alcalá-Meco. De momento, insistimos. Aunque por lo que respecta a Bassa, sepamos que recibe con alegría los ejemplares del diario
separatista El Punt-Avui que éste le envía a la prisión. Dice que los recibe con tres días de retraso pero que le da igual, porque solo con poder leer noticias en catalán y hacer los pasatiempos se da más que por satisfecha.
Increíble, pero cierto, El mero hecho de leer un panfleto propagandístico que nos cuenta una burrada en subvenciones a los contribuyentes le da tranquilidad, le produce satisfacción, la congracia con el mundo. Cuando se llega a ese nivel de ceguera política es muy difícil, si no imposible, el razonamiento lógico y calmado. Por lo que respecta a Borrás, me figuro que su condición de hija de uno de los fundadores de Convergencia la debe obligar a mantener el tipo caiga quien caiga. Además, las mujeres siempre han sido mucho más sólidas a la hora de dar la cara que nosotros los hombres, infinitamente más cagaditos, más poca cosa, más temerosos.
Pagaría lo que fuera por ver a través de un agujerito qué hacen en la cárcel estos otrora poderosos dirigentes políticos, escudriñar sus gestos, analizar sus palabras. ¿Qué debe pensar Oriol Junqueras cuando reza? ¿Pedirá perdón por sus pecados o pedirá que perdonen a sus enemigos? ¿Alguno de ellos habrá llorado? ¿Qué leen, a qué juegan –si es que juegan a algo-, qué escriben, en quién piensan
Todo esto forma parte, claro está, de la condición humana del preso, de la humildad que experimentas en una celda, aislado de todo y de todos, pero resulta
inusitada en personajes que se han caracterizado por su carácter soberbio, tan alejado de la modestia. Uno quisiera, en un ejercicio panglosiano, casi franciscano, que esto sirviera de lección a ellos y a todo aquel que se crea superior al resto de los mortales para saltarse la ley a su gusto y conveniencia.
Pero lo dudo. Inés Arrimadas, que de Derecho sabe lo suyo, lo ha dejado claramente: “Todo esto puede ser una estrategia judicial por su parte, pero tengo el convencimiento que, si volviesen a mandar, obrarían
de la misma forma”. Yo también. Son cuarenta años en el machito, dando carnés de buenos y de malos catalanes, de decirnos que debíamos pensar, haciendo listas electorales en las que a durísimas penas encontrabas un apellido que no fuera de origen catalán de pura cepa. Muchas décadas de “esto ahora no toca”, de caudillismo totalitario enmascarado de democracia patriarcal, de complicidades vergonzantes por parte de la mal llamada izquierda. Ahora toca rendir cuentas como cualquier hijo de vecino, y en esto hay que estar de acuerdo con García Albiol, que es exactamente lo que le demanda a la justicia.
Será muy ilustrativo ver en los próximos diez días si Puigdemont acata el 155 y la Constitución, que es el plazo preceptivo para que este diga si pretende cobrar los 112.000 euros en calidad de ex President. ¿A que acaba cantando el himno de la Guardia Civil? Carlitos, venga, ya empiezo yo por ti: Benemérito Instituto, guardia fiel de España entera que llevas en tu bandera el emblema del honor… bueno, no te apures, con que grites viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley, viva honrada la Guardia Civil, ya vale.
Patriotas de todo a un euro ."

Miquel Giménez, en “Voz Populi” (22/11/2017)


¡Pues no falta todavía para que nos deje un poco en paz el tema de la independencia de Cataluña!
A las noticias  de cada día, a las impertinencias en el Congreso de los Diputados de ese grosero infumable que es Rufián, que bien que acredita con su conducta que su apellido le cuadra perfectamente, se unen las manifestaciones de los resabiados independentistas que, como aun no han ido a la cárcel, siguen con sus
bravatas y provocaciones, y además el “Puchi” (Puigdemont, para sus fans) da un día sí y el siguiente también un claro ejemplo del despropósito que pretendía y que sigue pretendiendo desde su cobarde escapada a Bélgica. 
Mentiras, calumnias, manipulaciones. Todo eso es lo que pusieron en práctica los independentistas y lo que siguen intentando mantener. 
Ya lo que faltaba era que esa histérica irredenta llamada Rovira (igual solloza que agrede), dijera que desde el gobierno de la nación se amenazó con el ejército y la sangre en las calles, cuando precisamente fue su “idolatrado” presidente (el “Puchi”) quien lo adujo como excusa para una pretendida convocatoria de elecciones que su cobardía le impidió convocar. 
“Et sic de caeteris”. Y así mucho más. 
Los encarcelados, santos de altar para sus ciegos idólatras, salen ahora lloriqueando sobre la “dureza” de la vida en prisión, ellos que hasta gozan de un
régimen de privilegio en la cárcel…
Y esos encarcelados, tan patriotas ellos, son capaces de renunciar a sus tan sagrados principios independentistas, y tienen la desvergüenza de decir que la declaración de independencia fue solamente un acto simbólico, y que ellos, que proclamaron la rebeldía y rebelión frente a España hasta el límite, simplemente lo hacían “a efectos políticos”, llegando a asumir que acatan la aplicación del artículo 155 de la Constitución. 
¡Falsos de toda falsedad!
Pero lo que más me duele es que esa doblez innoble se ha contagiado a la ciudadanía, y una buena parte de catalanes (especialmente los funcionarios que “chupaban” del régimen puigdemontero) dicen sentirse acosados por el gobierno central. 
Hace poco un muy querido amigo me escribía que estaba en Cataluña junto a sus familiares para darles soporte frente a los abusos de Rajoy con los profesionales de la enseñanza. 
¡Ay, qué ceguera se contagia cuando no se es capaz de asumir la realidad constitucional!
Bien está que se pretenda amplísima autonomía, bien está que se quiera defender las singularidades de Cataluña. Pero de ello a que se mantenga que todo lo que no sea Cataluña, todo lo que no es catalán, no es bueno, porque es fruto de la enemistad y del abuso de España, hay tanto abismo, como aquel en el que se han sumido los dirigentes catalanes. 
Ahora, se aprestan a participar en unas elecciones que proclaman como ilegítimas. Porque no las ha convocado su cobardemente huido expresident. ¿Por qué hacen buena una convocatoria electoral, participando en ella, si la consideran ilegítima?
¿No será, más bien, que lo que importa es la
poltrona, la “pela”?
Hay que refundar Cataluña, especialmente extirpándole tantos y tantos soñadores, especuladores, manipuladores y truhanes a lo rufián.
Y hay que evitar que el gobierno de España y el partido que ahora lo ejerce sigan soslayando la corrupción y el abuso y sigan mostrándose pusilánimes ante tamañas barbaridades como las pretendidas por los “chicos” de la estelada. 
Ya veremos lo que pasa…
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

lunes, 13 de noviembre de 2017

Esta España nuestra: Cataluña se “autovomita” su frustrada independencia. “Begin the begin”…



“El globo de la independencia, pinchado por sus propios creadores 
(Publicado el 11 de Noviembre de 2017, en “El Independiente”)
Victoria Prego
Las cosas pintan hoy mejor  para los defensores de la legalidad y peor para quienes han roto en Cataluña una y otra vez las leyes de una manera consciente y deliberada. Digo hoy con pleno conocimiento del término porque en esta sesión diaria de electrochoque en que se ha convertido la cuestión catalana es muy arriesgado hacer previsiones más allá de las siguientes 24 horas. Pero hoy estamos mejor que anteayer y que hace tres o cuatro días. Y eso es así porque lo sucedido en la noche del jueves en el Tribunal Supremo ha supuesto un golpe durísimo, yo diría que letal, a la doctrina imperante hasta ahora entre el independentismo dirigente. Hasta ese momento se mantuvo la ficción de que la independencia de Cataluña era un principio imbatible, una exigencia incrustada en el alma del poble catalán de modo inquebrantable. Pero hete aquí que uno de los símbolos más adorados, uno de los referentes más sólidos, más entusiastas, más activos y más contumaces de esa exigencia irrenunciable declaraba ayer, al unísono con sus compañeros interrogados por el juez instructor del Alto Tribunal que -dice literalmente el auto de su
señoría- “no es que hayan asumido la intervención derivada de la aplicación del artículo 155 de la Constitución sino que han manifestado que, o bien renuncian a la actividad política futura o, los que desean seguir ejerciéndola, lo harán renunciando a cualquier actuación fuera del marco constitucional”.    Aquí  está la almendra del asunto: las señoras Carme Forcadell,  Anna Simó, Ramona Barrufet y los señores Lluis Corominas y Lluis Guinó, se han comprometido a acatar la Constitución de ahora en adelante. Y ése es un compromiso determinante y una victoria de la Justicia española, la victoria buscada por el Estado de Derecho recurriendo en exclusiva a la aplicación de la ley. Y hay que añadir que la actuación de la Fiscalía ha contribuido muy grandemente al éxito de lo sucedido. Por una razón: porque los cinco encausados se habían resistido a darse por vencidos ante el poder de la Constitución y estuvieron aproximándose a su acatamiento pero sin dejarlo meridianamente claro. En ese punto, los fiscales mantuvieron la petición de prisión incondicional. No podían suavizar la dimensión de las medidas cautelares solicitadas ante un compromiso asumido de lado, eso no era suficiente.
No es adecuado decir que la Fiscalía ha quedado en mal lugar ante la condescendencia del juez. Cada uno hizo el papel que le correspondía
Por eso el Ministerio Público no se movió un milímetro de su posición pero hizo algo que tendría su efecto inmediato en el ánimo de los encausados: levantó la petición de prisión incondicional para la señora Barrufet porque había sido la única que se había desmarcado con claridad de toda tentación de defender la puesta en práctica del independentismo por los escandalosos procedimientos en que la declaración de independencia había sido llevada a cabo y porque reconoció que aquel referéndum no había tenido la menor garantía y no podría nunca haber  servido de base  para proclamar una independencia basada en cualquier caso en leyes ilegales, tal y como les había advertido repetidamente el Tribunal Constitucional. Con este reconocimiento la Fiscalía le abría la puerta y Barrufet  se iba a la calle. Y los demás tomaron nota porque los fiscales siguieron pidiendo la cárcel inmediata para todos ellos. Por eso hicieron un último intento de declarar. Y el juez acudió a darles la última oportunidad, que podía no haberlo hecho. Ellos y sus abogados sabían que, o la aprovechaban, o ya no habría otra posibilidad de escapar de la cárcel. Y todos circularon ordenadamente por la única senda aceptable para la Justicia porque era la única que discurría por los cauces de la legalidad. Por eso no es adecuado decir que la Fiscalía ha quedado en mal lugar ante la condescendencia del juez. No, cada uno hizo el papel que le correspondía y lo hizo adecuadamente y conforme a Derecho. Si estos señores no hubieran tomado el camino de la legalidad y no se hubieran comprometido a mantener sus furas actividades dentro del amplio ámbito que enmarca la Constitución, habrían marchado todos a prisión porque el juez les habría enviado a ella sin dudar.
Será interesante asistir a la digestión por parte del movimiento independentista de la bajada del autobús protagonizada por los miembros de la Mesa del Parlament
Fueron, pues, inteligentes y evitaron su paso a la cárcel, aunque nada de esto les libra de un proceso judicial que se celebrará en su momento, una vez que el Supremo haya asumido todas las causas abiertas en distintas instancias judiciales y la instrucción haya llegado a término. Y ahí se abren muchas posibilidades que no viene al caso ahora enumerar porque incluyen elementos políticos que pueden darse, o no, según sean las circunstancias. Ahora bien, de aquí a mañana, a pasado mañana y a los días sucesivos, será interesante asistir a la digestión por parte del movimiento independentista de la bajada del autobús, por decirlo de alguna manera, protagonizada por los miembros de la Mesa del Parlament. No pueden llamarles “traidores” a la cara porque eso será tanto como reconocer la evidencia de que el movimiento independentista ha recibido un hachazo que le ha partido por el eje y del que será difícil recuperarse por mucho que intenten disfrazarlo. Y que además puede que no sea el único golpe porque los miembros del antiguo govern encarcelados -que lo están no por sus ideas sino por sus actos-  ya saben lo mucho que se equivocaron en su estrategia de no contestar a las preguntas de los fiscales, a lo que hay que añadir el flaquísimo favor que les hizo el ex presidente de la Generalitat Carles Puigdemont huyendo a Bruselas y empujando a que la juez tomara la precaución de meterlos entre rejas para impedir que siguieran el camino de su estrafalario antiguo líder que, además, tuvo la desdichada ocurrencia de asegurar que, unos desde el interior y los otros desde el exterior, formaban un equipo compacto que llevaría a cabo su proyecto político de gobierno como si no hubieran sido destituidos.
Lo que hagan los ex miembros del govern encarcelados es todavía una incógnita. Pero podemos tener por seguro que si se siguen negando a contestar a las preguntas de la Fiscalía, si no reconocen que cometieron  de una manera tan empecinada ilegalidades flagrantes y si no aceptan lo que han aceptado Carme  Forcadell y los otros miembros de la Mesa del Parlament, esto es, que en su futura acción política discurrirán dentro del respeto a la Constitución, la Fiscalía no podrá hacer otra cosa que pedir su mantenimiento en prisión y el juez no podrá hacer otra cosa que mantener esas medidas cautelares por el riesgo de fuga -cortesía de Puigdemont-  y de reiteración delictiva, también cortesía del ex president.
Será muy interesante escrutar el clima en que se produce la manifestación del sábado por la tarde en Barcelona convocada por las organizaciones callejeras autoras de los grandes despliegues de la Diada porque eso dará una idea aproximada de cómo es de intenso el divorcio con la realidad de los creyentes de la Tierra Prometida de la república independiente de Cataluña. Y ya circula por las redes una pregunta que tiene su morbo y su crueldad: ¿Irá Forcadell a la manifestación? Y yo añado, ¿irá abrazada a la Constitución a reclamar democracia, denunciar represión y libertad para los “presos políticos”, como ella, que ya está en la calle? Todo forma ya parte de un espectáculo pero Puigdemont por un lado y Forcadell por otro han descabellado la ficción de la independencia. Los miembros encarcelados del antiguo govern podrían ser los llamados a darle la puntilla”
Como tanto se ha escrito, y tanto falta por escribir, sobre el esperpéntico intento de independencia vía república de un sector de visionarios independentistas catalanes, más que abundar en lo que con tanta certeza y pulcritud, como siempre, publica la ínclita Victoria Prego, lo que procede es que reflexionemos un poco sobre las circunstancias que ha propiciado la eclosión referendaria e independentista.
En primer lugar, qué duda cabe, la esquizofrenia político-paranoide de ese político con el mocho como pelo (no menciono el cerebro porque dudo lo tenga), el “porrito” o títere Puigdemont, que con absoluta inexperiencia y menor rigor se lanzó con voluntarismo suicida a una independencia ni conveniente ni posible, desafiando con infantilismos la bien construida (pese a todo) legalidad de la Constitución española.
Por otra parte, las ansias revanchistas y devoradoras de unos grupúsculos de izquierdas más alborotadores que células políticas, quienes, fiándolo todo a ese asambleísmo callejero que está pretendiendo instaurar el “coletas” del Iglesias, y que solamente le ha conducido a la lenta desintegración en medio de su ausencia de formas democráticas.
Y muy fundamentalmente también ha contribuido a la eclosión pro-independentista de Cataluña, el “tancredismo” del partido en el poder de la nación, el gobierno de Rajoy, quien se embarcó en aquello de “si son galgos o son podencos”, y a quien le llegó “el lobo” de la declaración de independencia.
Pero con los que no contaba la aparente maquinaria independentista era con las inaguantables tendencias diarreicas de muchos de sus dirigentes, quienes, al comprobar que un puñado de consellers se quedaban tras las rejas carcelarias, hubieron de renunciar a sus esencias, proclamando que esa independencia era de pacotilla y que ellos acataban la aplicación de la Constitución española y especialmente de su artículo 155.
¡Serán cagones!
Tanta manifestación, tanta aparente firmeza, tanta declaración, para al final aparecer con las bragas y los calzoncillos adobados de excremento sólido, mientras “sotto voce” muchos de los suyos les llaman traidores.
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Es comprensible: Trocar el mullido coche, el repleto sobre mensual, la honorable escolta, el aparente prestigio que llena de vanidad, por las celdas de una prisión, la limpieza del propio habitáculo con mocho (¡para eso ya tenían a Puigdemont!), la comida de rancho, etcétera, eso, sí, era inasumible, por lo que el “donde digo digo, digo Diego”, se adoptó pronto.
Y así la “Carme” “forcallada” se rajó; y la Ada Colau (vulgo, “la meona”) dijo separarse de la teta socialista que le permitía seguir con el bastón de mando barcelonés, para acercarse al “coletas” y finalmente intentar “mear” en tiesto más independentista.
Total, que, como bien dice Victoria Prego, el globo independentista ha sido pinchado por sus propios inspiradores.
Y yo añado: ¡Ufff! ¡Menos mal!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA